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(Vacío)
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HISTORIA DE UN FORD MUSTANG  
 
En MM Clásicos sabemos que todos los vehículos clásicos tienen historia pero este Ford Mustang es una historia en sí.
Rafael, no sólo es un cliente sino un amigo que ha querido compartir con todos nosotros a través de esta carta el nacimiento de una ilusión y los caprichosos giros del destino hasta conseguir realizar el sueño de tenerlo, cuidarlo, mimarlo y sobre todo disfrutarlo. Tal parece que estaban hechos el uno para el otro y no podía ser menos que estar juntos para siempre. Un miembro más de la familia.
Felicidades Rafael, piensa que él también te estaba esperando a ti.
 
 
 
HISTORIA DE UN FORD MUSTANG
 
Verano de 1971. Me confirman la concesión de una beca Fullbright y me preparo para pasar los dos próximos años en la Universidad de California, Los Ángeles ( UCLA ).
 
Un año antes había terminado mis estudios de Ingeniero Industrial en Madrid y empezado a trabajar en Standard Eléctrica. A pesar de ello, el atractivo de ‘la aventura americana’ es más fuerte y decido regresar a la vida de estudiante por un par de años.
Había muchas cosas que me atraían de la sociedad norteamericana, y ciertamente, los coches era una de ellas.
Hasta terminar la carrera mi experiencia con el mundo del motor era, mas o menos, la típica de un españolito de mi edad: algún que otro Seat 600 de alquiler ( o prestado por algún amigo inconsciente ) y poco mas que contar.
Al acabar mis estudios en Madrid me convertí, con ayuda paterna, en el orgulloso propietario de un flamante Seat 850 Sport Coupé. Lo disfruté a fondo durante varios años y guardo un recuerdo entrañable de aquel coche. Pero esa es otra historia. Mi verdadero sueño automovilístico, inalcanzable en aquellos tiempos, era bien otro.
Desde que tuve conocimiento de su existencia el Ford Mustang de los años 1965 y 1966, en su versión descapotable, se convirtió en mi coche preferido. Aún hoy, cuarenta años mas tarde y tras haber conducido una infinidad de coches de distintas marcas, estilos y cilindradas, no puedo evitar el sentir “algo especial” cada vez que entro en contacto con uno de estos vehículos.
La primera vez que tuve la oportunidad de ver un Ford Mustang en acción fue a principios de 1965, y no fue en directo sino en la película “Goldfinger “, la tercera entrega de la serie de James Bond ( el lanzamiento del Ford Mustang tuvo lugar en la primavera de 1964 y la película se estrenó en Diciembre de ese mismo año ). Apenas si recuerdo su argumento  pero la persecución, en los Alpes Suizos, del Aston Martin DB5 de James Bond (interpretado por Sean Connery, en mi opinión el mejor Bond hasta la fecha) por el Ford Mustang 1965 blanco descapotable ‘conducido’ por la actriz Tania Mallet se quedo grabada en mi mente (en realidad el conductor en las escenas de mas  riesgo de esta película no era Tania Mallet sino el piloto profesional escocés Andrew Cowan tocado con una peluca rubia).
 
 
Goldfinger : Persecución en los Alpes

Poco después tuve la oportunidad de volver a ver otro Mustang descapotable en acción, esta vez un modelo del 66, en otra película de bastante éxito por aquellas fechas: “Un Hombre y una Mujer “, de Claude Lelouch. Por cierto, el Ford Mustang es, con seguridad, el automóvil que más veces ha sido llevado a la gran pantalla, habiendo tenido papeles de mayor o menor importancia en más de 600 films. Y según mí  
 
contabilidad personal, los años 65 y 66, han aparecido en más de 250 películas.
Recuerdo como si fuera hoy que una lluviosa noche del invierno de 1967, saliendo de la sala de proyección,  me dije a mí mismo : ‘ No sé cuando, pero algún día yo tendré un coche como ese ‘ .
 
Primavera de 1972. Mi vida de estudiante reenganchado en UCLA transcurre con normalidad, cuando un buen día veo en el tablón de avisos de mi facultad un anuncio de venta de un Ford Mustang descapotable del año 1965 con toda una serie de extras y en buen estado de conservación. Su precio: 1,500 dólares de la época. Razonable pero completamente fuera de mi presupuesto de estudiante. No obstante, consigo convencer a Pablo, un amigo fotógrafo semi-profesional de origen venezolano, que lo compre y así poderlo yo conducir de vez en cuando. No exactamente mi ideal pero menos daba una piedra.
Un día de Junio (no habían transcurrido ni dos meses de la compra del Mustang ) recibo de Pablo una angustiada llamada telefónica. Se encuentra detenido en una comisaría del centro de Los Ángeles. Al parecer había cometido una infracción de tráfico y, como parte de una verificación rutinaria de su permiso de conducir, la policía había detectado que sus papeles de residencia en el país estaban caducados. Me informa que tiene la amenaza de una deportación inmediata y me pide que pase a recoger el Mustang a la comisaría. De hecho, dos días mas tarde, y sin siquiera permitírsele pasar por su apartamento alquilado, las autoridades federales ponen a Pablo en un avión y lo devuelven a Venezuela. Como sus perspectivas de regresar a EE.UU. a corto plazo no son muy prometedoras, Pablo decide cerrar su apartamento en Los Ángeles y me pide que le venda el Mustang.
 
Segunda oportunidad de quedarme con el coche que de nuevo tengo que dejar pasar ya que mi situación financiera no había cambiado mucho, lógicamente, en tan poco tiempo. En el plazo de dos semanas encuentro un comprador – un profesor de informática de la Universidad de California, Berkely – que ofrece exactamente la misma cantidad que Pablo había pagado un par de meses antes. Me despido con pena de un coche que no volvería a ver más… o al menos eso es lo que yo creí en aquel momento.
 
Verano de 1992. Han pasado veinte años de mi primera aventura americana y estoy a punto de embarcarme en la segunda. Como es de suponer, ha llovido mucho en todo este tiempo. Tras mi regreso a España en el verano del 73, vuelvo a Standard Eléctrica (que eventualmente se convertiría en Alcatel ) donde desempeño diversas funciones que me llevan a vivir durante largos períodos en Madrid y París.
Me he casado y tengo dos hijos. Y acabo de aceptar una oferta  para trabajar en la filial norteamericana de Alcatel, en Dallas, Texas, donde terminaremos viviendo más de ocho años. Ah!, y me olvidaba algo importante: sigo sin tener un Mustang a pesar de que ‘el gusanillo’ sigue más vivo que nunca.
 
A primeros del 93, y mientras ordeno papeles antiguos, me tropiezo con el nombre y teléfono del profesor de Berkeley al que vendí el Mustang de Pablo. Al cabo de unas semanas, y mas por curiosidad que por otra cosa, ¿o quizá había algo más que curiosidad?,  decido llamarle. En su departamento de Computer Science me informan que se jubiló hace cuatro años pero consigo que me faciliten su teléfono en Naples, Florida, donde actualmente vive. Pasa algún tiempo y finalmente, no resisto más la tentación y llamo al profesor de Berkeley. Se acuerda perfectamente de mí (supongo que mi acento no es fácil de olvidar) y me informa que vendió el Mustang a un constructor de Oklahoma City hace unos cuatro años cuando, tras jubilarse, trasladó su domicilio a Florida. Y sí, tiene la información de contacto de este constructor aunque no está seguro de que siga siendo buena. Pero lo es y, efectivamente, el constructor tejano todavía tiene el Mustang que yo había llegado a conducir unos veinte años atrás en Los Angeles. Y no, no está interesado en venderlo. Con pocas esperanzas le doy mi número de teléfono por si algún día cambia de opinión.
                                                                    
La salida al mercado del Ford Mustang el 3 de Abril de 1964 en el World Exhibition de New York constituyó un éxito sin precedentes. La Ford Motor Co. había preparado su lanzamiento con masivas campañas publicitarias, cuidando con exquisito esmero hasta el último detalle y creando una expectación pocas veces conocida en el mercado automovilístico americano (durante los primeros meses, la demanda era tan fuerte que, para evitar que el coche pudiera der adjudicado a otro cliente.
                                                                                   
 
 
 
 
 
Publicidad del lanzamiento del Mustang 64½
Hubo personas que pasaron la noche en las instalaciones del concesionario dentro del Ford Mustang que le había sido reservado  a la espera de que a la mañana siguiente el banco diera el visto bueno al cheque de compra ).   Solamente en los dos primeros años de fabricación se vendieron más de un millón y medio de coches lo que convierte al Ford Mustang en el coche más popular de todos los tiempos en EE.UU.


 
Esta popularidad se acrecentaría con el paso del tiempo lo que junto con el alto número de unidades fabricadas, explica que cuarenta años más tarde todavía exista una pujante industria creada alrededor de este singular vehículo: concesionarios de compra/venta, tiendas de repuestos, revistas especializadas, clubs de fans, ferias, etc.
Con razón se dice que resulta  mas fácil conseguir repuestos para los Mustangs del 65 y 66 – los modelos que los entendidos consideran como los clásicos - que para algunos coches que están todavía en fabricación.                                             
Con tantas opciones disponibles, y con una situación económica mucho más despejada, me dije que era hora de satisfacer uno de los caprichos incumplidos de mi vida: poseer un Ford Mustang clásico.
Dada la amplia oferta existente, y puesto que tras esperar tantos años bien podía esperar unos meses más, decidí dedicar un tiempo a documentarme adecuadamente. Me compré dos o tres libros especializados, me suscribí a un par de revistas y asistí a varias ferias de coches clásicos. Incluso me hice socio de un club de aficionados al Ford Mustang radicado en Dallas. Hacia finales de año tenía ya localizados dos coches que cumplían con todos los requisitos que me había fijado al inicio de la búsqueda. No obstante, reflexionando sobre estos requisitos me di cuenta de que realmente respondían, casi punto por punto, a las características del coche de Pablo, ahora en manos del constructor de Oklahoma City.  De forma que antes de inclinarme por uno de los dos vehículos preseleccionados, decido volver a llamar al constructor de Oklahoma City, que en esta oportunidad se muestra abierto a un trato. En poco tiempo llegamos a un acuerdo sobre el precio y ese mismo fin de semana me desplazo a Oklahoma City (a unos 300 kms. de distancia de Dallas) para recoger el coche. De esta manera, 21 años mas tarde, me reencuentro con el primer Mustang que había conducido en mi vida pero con una diferencia fundamental: ¡esta vez yo era el propietario!
 
El coche había cambiado de aspecto ya que  cuando Pablo lo compró era blanco con la capota negra y el constructor de Oklahoma, tras
     una restauración hecha años atrás, lo había pintado de azul marino con la capota blanca y tapizado en blanco y azul celeste. Salvo estos detalles externos el coche estaba exactamente tal como yo lo recordaba de la primavera del 72.
 
Invierno de 1998: Estamos a punto de coger los bártulos y mudarnos una vez más. Por motivos profesionales se nos abre la posibilidad de continuar la aventura americana, muy satisfactoria hasta ese momento, en un nuevo estado - Florida - y una nueva ciudad - Miami. La oferta es muy atractiva y dudamos poco en aceptarla. El cambio presenta muchos aspectos positivos, y alguno que otro negativo. La nueva vivienda que estamos comprando en Miami consume todos nuestros recursos económicos… y algunos mas. Y además no dispone de una tercera plaza de garage, necesaria para guardar el Mustang. Con gran pena me veo obligado a vender mi preciado coche que he venido disfrutando con regularidad (sobre todo en los fines de semana) durante los últimos cinco años. Compradores no me faltan y finalmente se lo vendo a Rolf, compañero de trabajo en Alcatel, de nacionalidad suiza, con una sola condición: que se ponga en contacto conmigo si algún día decide vender el coche.
 
Verano de 2005: Mis andanzas profesionales nos han llevado a un nuevo cambio de domicilio, esta vez a Londres, donde vivimos desde mediados del 2001. Con relación a Miami hemos perdido en algunos aspectos - como por ejemplo con el clima y el coste de vida - pero hemos ganado en otros muchos. Para los aficionados a los vehículos clásicos, por ejemplo, Gran Bretaña es un auténtico paraíso. Existe en este país una gran tradición por todo lo que se refiere a la conservación de su pasado de primera potencia mundial del motor, con una extraordinaria abundancia de museos de coches y motos, actividad de compra – venta, clubs de aficionados, ferias, competiciones, exhibiciones, publicaciones especializadas, etc. Todo ello acrecienta, si cabe aún mas, mi añoranza por mi preciado Mustang que, he podido saber, se encuentra en estos momentos en Zurich ya que Rolf regresó a Suiza en el 2002 y se llevo su ( ¿debería decir ‘mi’? ) Ford Mustang con él.
Hasta que un buen día de principios de Julio recibo un correo electrónico primero, y una llamada telefónica después, de Rolf desde Zurich. Por razones personales ha decidido poner el Mustang a la venta y esta cumpliendo con el compromiso que adquirió conmigo, cuando se lo vendí hace siete años, de ponerme al tanto de la decisión antes que a nadie. No me lo pienso dos veces y cerramos el trato en menos de cinco minutos (Rolf tuvo la gentileza de venderme el coche por exactamente el mismo precio al que yo se lo vendí).
 
Como las plazas de garage son un auténtico lujo en Londres y su clima no es el mas indicado para un descapotable, hablo con mi hermano Lalo (un verdadero apasionado de todo lo que tenga que ver con coches y motos clásicas y poseedor de una mas que respetable colección de ambos tipos de vehículos) y acordamos que me guardaría el Mustang en uno de sus garages de Cádiz hasta que me vuelva a establecer, espero que dentro de no mucho y esta vez de manera permanente, en España.
 
El último capítulo de este relato lo constituye el traslado del coche a España. En vez de utilizar a la clásica empresa de transporte, mi hermano Lalo y yo decidimos conducir el Mustang desde Zurich a Cádiz y disfrutar tranquilamente del trayecto y del coche. Existía, sin embargo, un ‘problema administrativo’ nada despreciable. En Suiza, las matrículas de los coches son personales y su dueño puede colocarlas en cualquier vehículo de su propiedad. Rolf me indicó que las matriculas Suizas que en ese momento llevaba el Mustang las necesitaba para otro vehículo que pensaba adquirir, Pero que podía disponer de las matriculas originales de Texas que aún conservaba (y que pueden identificarse en la fotografía “El Obscuro Objeto del Deseo ‘que aparece en este artículo ).
Tras una breve deliberación, Lalo y yo decidimos ponerle al Mustang las matriculas de Texas y así, a mediados de Septiembre, y llevando en el coche las matrículas originales tejanas, atravesamos una buena parte de Europa (unos 2.200 kilómetros en total a través de Suiza, Francia y España) sin el mas mínimo incidente (mecánico o de cualquier otro tipo).
 
Y este es el fin de la historia, al menos hasta ahora, de un Mustang que, pese a los avatares del destino, parece que estaba destinado a acabar en mis manos. Una historia que comienza el 7 de Abril de 1965  cuando Mr. Robert F. Potter compra el coche nuevo al  concesionario Courtesy Mustangs en Wheat Ridge, Colorado, USA, y que termina 42 años mas tarde en Cádiz, España tras haber pasado por al menos 7 diferentes propietarios (en mi caso por dos veces)  en Los Angeles, Berkeley, Oklahoma, Dallas, Zurich y Cádiz.  La realidad es que la historia continúa ya que mi hijo Rafael ya me ha hecho prometer que nunca más venderé el coche y que se lo pasaré a él el día que yo ya no esté en condiciones de conducirlo.
 
Londres – Junio de 2006
 
 
 
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